DESTINO.

Me paré al borde del abismo,
un suspiro y me dejé caer,
caí al vacío, negro, desolado.
con el lodo hasta el cuello,
con las fieras al acecho,
y el miedo atravesado en el pecho.

Me arrastré por un tiempo infinito,
cerré los ojos y espere,
ni un sólo ruido,
mi respiración cortada y el alma en vilo,
lentamente me apoyé en un árbol viejo,
recuperé las fuerzas, 
controlé mi pulso, y me eché a andar.

Aún ahogada busqué la salida,
grité, llore y me reí por mi mala suerte,
resignada, perdí la esperanza.

Y de la nada se volcó el mundo,
apareciste con tu luz, tu abrazo, y tu calor,
ese calor inconfundible,
esa suave llama de amor llena el aire,
espanta el miedo y la desesperanza,
ese calor inconfundible de hermana.
ese calor que no sentía hace años,
ese amor que se fue tan lejos
y hoy por fin está junto a mí.

Tras esa larga caída,
tus abrazos son reconfortantes,
tu cariño es incomparable,
la vida de un suspiro me puso aquí,
 y le agradezco por darme esta 
segunda oportunidad,
de verte, conocerte y quererte,
gracias por velar por mí en la oscuridad,
por darme tu mano y caminar conmigo
gracias por tu sonrisa constante.




NUESTRA CIMA.

De esos caminos empedrados,
oscuros, fríos, solitarios,  
con las rodillas desgastadas,
el corazón agitado, y las ganas intactas,
llegamos a la cima, 
¡Por fin la cima!,
blanca, pura, cierta, divina,
¡Nuestra cima!.

Tu llegaste por el sur, 
cruzando pampas,
serranías y montañas,
llegaste con tu mochila,
simple, grande y esperanzado.

Yo llegué por el norte,
crucé la cordillera,  
atravesé selvas y montañas, 
desde el atlántico al pacífico,
tarde pero llegué a tus brazos,
tarde pero llegué a tus besos,
a esos labios dormidos de tanta ausencia.
tarde pero llegué a la cima,
¡Nuestra cima!
tarde pero llegué al otoño,
tarde pero llegué para ver el atardecer.








CARTA.

Como todos lo dijeron yo fui la mala,
dicen que no te quise, que te alejé
y peor aún que yo te odié,
sé que no fue así,
y tú, también lo sabes,
lástima que seas tan tonto para volver,
pero esa es tu decisión, 
una muy mala decisión, 
pero tuya al fin y al cabo,
elegiste seguir como un perro, 
lamiéndose las heridas,
remendando el cuerpo mal trecho,
corriendo detrás de las sobras de "amor"
que te dan las putas en la calle,
sé que les dices palabras dulces,
tratas de conquistarlas y seducirlas, 
usando las palabras que primero me dijiste a mí,
con las mismas caricias, los mismos besos,
la misma entrega que primero fue para mí.
Todo el tiempo pensé que yo era la débil,
la inapropiada e inadaptada,
pero en realidad ambos lo fuimos (o somos todavía),
sólo que yo aprendí a reconocerlo,
y más tarde aprendí a aceptarlo,
tú todavía te rehúsas a mirar más allá,
y mirarte bien adentro en el alma,
te aterra pensar en la soledad,
por eso vives bajo las sombras,
por eso te abandoné.
Ahora tantos años después,
con la edad en el pecho y los caminos en los pies

te agradezco por darme un poco de valor,
para escribir esta carta, y entender que el problema no fui yo,
el problema es que eso que tu das, no es verdadero amor.



COMO NUNCA.

Este sentimiento de extrañarte crece de manera acelerada, 
como veneno que corre en las venas,
te extraño, te quiero y te necesito,
una ráfaga de dolor se introduce en el corazón,
y te extraño, como nunca, como siempre,
sin tenerte, sin besarte, sin mirarte.

Lo tengo todo, pero eso que quiero, 
con todo el alma, se me escapa de las manos, 
yo me escapé hace unos años, 
huyendo de la verdad,
ahogándome en un mar de engaños, 
y te extraño, como nunca, como siempre,
contando los días, las horas y los minutos,
para verte, desearte y amarte,
te extraño aunque en realidad nunca te tuve, 
pero tus labios me necesitan, al igual que tu cuerpo 
y todo tu ser, 
hoy te extraño como nunca.

Pero aunque me quiebro en mil pedazos,
de tanto pensarte y extrañarte,
sé que volveré, 
volveré a esa playa, bajo el mismo sol,
con el mar de testigo, para no extrañarte más.


INVERSA.

Tuve un mal sueño,
me levanté, desorientada,
sedienta, inversa, dolida.

La cabeza ardiendo,
la vista nublada y 
las mejillas llenas de lágrimas.

Los cráteres llenos de gente,
ruido, gritos, sombras,
todos corren,
me agarran, 
rasgan mi ropa,
golpes, gritos, sombras,
oscuridad absoluta,
el miedo se acomoda en el pecho,
y el alma se desprende,
revolotea en el aire,
trata de escapar,
y perece en el intento.

La luna se esconde,
le teme a las sombras, 
me abandona.

Se eleva, menguada, desilusionada,
perdida en los vericuetos del cielo negro,
maltrecha, trastornada, indispuesta.

Tuve un mal sueño,
me levanté, desorientada,
sedienta, inversa, dolida,
desperté desnuda,
sin alma, sin esperanza, sin luz,
en la luna menguada,
desperté al revés,
con el alma fuera del cuerpo.


DICEN.

Dicen por ahí que lo imposible sólo tarda un poco más,
así que tu y yo, no somos imposibles,
sólo tardaremos un poco más, respirar,
aguantar, esperar y definitivamente amar.

Dicen por ahí que el tiempo cura las heridas,
así que tu y yo, al fin estamos en paz,
quizás el tiempo se hizo más largo,
pero todo ha cicatrizado y el corazón por fin ha sanado.

Dicen por ahí que no hay mal que dure cien años,
pero tu eres la droga que necesita mi ser, 
y así mi cuerpo no lo resista, 
más de cien años quisiera vivir contigo.

Dicen por ahí que entre cielo y tierra no hay nada oculto,
así que tu y yo, no podremos encubrir el fuego que arde dentro,
tras tantos años la llama no se extinguió,
a pesar de la soledad, aquí estamos juntos los dos.

Dicen por ahí que la ausencia causa olvido,
pero tú nunca te rendiste, no bajaste los brazos,
te aferraste a mi nombre, como árbol de fuertes raíces,
y hoy floreció la rosa del amor y el perdón.

SER PALABRA.

No había nada que decir,
después de todo, 
las palabras son como hojas al viento, 
libres, 
pueden herir o pueden sanar,
tan libres que,
me gustaría ser una palabra,
ser una hoja al viento, 
sin cadenas, 
sin destino, 
pero, ¿Qué palabra sería?

¿Libertad?
creo que sería, demasiado, corriente y predecible,
¿Amor?
eso sería, rayar en lo trillado y lo cliché,
¿Muerte?
no, es caer bajo, muy bajo, nadie quiere a la muerte.

Definitivamente, las palabras son magia.

¿Por qué escoger solo una?
El día de hoy soy DELIRIO,
me voy con mi compañero el viento,
sin razón, ni voluntad, 
alucinando con el paisaje,
y más cerca de las estrellas.

Quizás, mañana,
mañana en la madrugada decida ser alguna otra palabra,
tal vez, mañana,
 sea agonía, revolución,
o simplemente, mañana sea verdad.


MALDICIONES.

Nunca caminé de la mano de mi padre,
nunca recibí abrazos, ni besos, ni caricias,
no conozco a mi padre,
y él no me conoce.

Nunca he visto una sonrisa en su rostro,
no conocí la bondad por su parte,
no conozco su tono de voz,
solo vi silencio y avaricia.

Sé su nombre y lamentablemente tengo su apellido.

Nunca lo he visto reírse,
maldición del cielo por ser 
tan... egoísta,
Nunca ha amado,
maldición del cielo por ser 
tan...despreciable.

Sé su nombre y lamentablemente morirá solo.

Morirá solo, así como dejó a mi madre,
maldición del cielo por ser
tan... descortés,
morirá solo hundido en el alcohol,
maldición del cielo por ser 
tan...indiferente.

Nadie recordará su nombre
y así como llegó a la tierra,
se irá, como cenizas,
desaparecerá,
insignificante, mediocre, 
y solo.


LABIOS Y MIRADAS.

¿Y esos ojos? 

¿ Dónde están los calmos y sabios ojos 
que me despertaban en la madrugada?

¿ Acaso se escondieron tras la pantalla
o se fueron de viaje por España?  

No, no creo, 
siempre los siento 
cuando abordo mi cama,
los  siento pero ya no me hablan, 
no escucho cuando se meten bajo de la cama,
e impulsan los sueños a las estrellas pintadas en tu ventana.

¿ Y esos labios? 

¿ Dónde están los delgados y serenos labios
que susurraban las aventuras del camino?

¿ Acaso se perdieron en la fina línea del mar y la arena?

No, no puede ser, 
los veo en la mañana,
cuando la clara me levanta de la cama,
se desvanecen como la sonrisa de la Mona Lisa,
y no vuelvo a saber de ti hasta que en sueños toco tu ventana estrellada.

MI RÍO, MI PUEBLO, MI TIERRA.

Vengo de Antioquia, 
vengo de la Guajira,
vengo del Chocó,
vengo del Putumayo, 
vengo de Santander,
vengo del Huila,
vengo del Amazonas, 
somos un solo pueblo,
un solo suelo, 
una sola historia,
un solo río,
un solo desdén en mi voz 
cuando escucho las atrocidades de mi Colombia,
un solo disparo se necesita,
una sola ausencia para llorar la pena,
perdimos el agua, perdimos la tierra,
nuestra herencia,
siglos de voces silenciosas,
siglos de armas, golpes y fuerza bruta, 
siglos de una desgarradora guerra.

A veces,
no alcanzan las manos de los buenos,
de los pescadores,
de los agricultores,
de las mujeres,
de los niños,
de los hombres,
pero así, nos ponemos de pie,
hablamos más de día que en las sombras,
defendamos nuestra tierra y nuestro río,
como una sola fuerza, 
con una sola esperanza,
defendemos lo que la madre nos dio,
con la pobreza de nuestras casas
y la hambruna del corazón,
defendemos con las manos en alto,
los pies centrados en la tierra, 
y los corotos al hombro, 
como errantes en tierra ajena.

Cada Colombiano de corazón de acero,
de aguantar los descuidos, los muertos
y las largas caminatas bajo el sol del Ecuador,
sueñan, desean, trabajan y luchan,
por el río, por la tierra, por el pueblo,
sea al Norte, al Sur, al Oriente, al Occidente,
sea para protegerse de la lluvia o las balas,
mi pueblo lucha y se levanta mañana.